__________________________________________

SECCIÓN TEXTOS COLABORADORES

miércoles, 28 de julio de 2010

Editorial_ nº 6 Generación Espontánea

Desde hace varios milenios, generación tras generación, las nutrias de mi familia, llámense Gutiérrez, hemos venido a apostarnos en este recorte del río a sentir el paso de la corriente, a dejarnos cubrir por una lámina cristalina de paz, a dormirnos sobre una sábana de agua. Si fuésemos humanas, se nos podría atribuir una pose de oración, un ejercicio espiritual. Incluso podría pensarse que estamos vacacionando o, peor aún, holgazaneando. Pero nada de eso, a tanto no llegamos. No busquen en nosotras una evocación turística ni una revelación ancestral. Nosotras no rezamos porque no creemos. No descansamos porque no trabajamos. No bostezamos por miedo a tragar agua. Ni siquiera comentamos entre nosotras nuestra afición ni nos hemos puesto a buscar una palabra con que nombrarla, no sea que la palabra cobre vida o deseque el río o incluso decida suplantarnos y ser ella la que se solace sintiendo el agua correr en este recodo. Los Gutiérrez no somos de esa laya. Lo nuestro consiste en elegir bien el sitio, en saber encajar entre piedras resbaladizas, en sumergirnos por completo. Acostadas sobre la roca, buscamos el equilibrio, repartimos el peso del cuerpo en cada átomo. Dejamos que el agua nos inunde, hasta que nuestra entraña se convierta en una pecera y nuestra piel, en un frágil cristal. Nos licuamos hasta que el brillo del cuarzo y la mica nos atraviesan e incendian la superficie. Eso hacemos, hasta que por fin, cuando creemos desaparecer, cuando por fin nos sentimos invisibles o transparentes, cerramos los ojos y nos derramamos a la velocidad del agua, salvando pendientes, arremolinándonos en la orilla, agolpándonos ansiosas por saltar sobre una cascada. Basta con cerrar lo ojos para, como por generación espontánea, viajar lejos, río abajo.

Editorial nº6 Generación Espontánea_revista literaria

No hay comentarios:

Publicar un comentario