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miércoles, 28 de julio de 2010
Editorial_ nº 6 Generación Espontánea
Editorial nº6 Generación Espontánea_revista literaria
Editorial_ nº 5 Generación Espontánea
Tras observar atónita todo eso, la langosta, el viajero, quedó cegada por la violencia oxigenada del día. Sus ojos pendulares, acribillados por alfileres de fotones, no muestran ahora más que recuerdos. Paisajes lunares del fondo del mar, deformación de las rocas, monstruosidad de un mundo sin espejos. Galeones hundidos donde se entretuvo abotonando la casaca de un almirante, el zumbido fluorescente del uranio iluminando la salida de emergencia de un submarino ruso. Nostalgia y pesadilla. Eso ve en sus ojos. Eso siente ella moviendo en el vacío sus horrendas patas, ciega como Tiresias, a quien Juno quitó la vista por hablar más de la cuenta.
La langosta, como las palabras, es un superviviente del abismo. También lo son el náufrago que desembarca en una playa de bañistas tras varios meses aferrado a un madero y el hispano que cruza la frontera (el desierto) e intenta explicar a un grupo de gringos lo que hay al otro lado. Nietzsche ya advirtió del riesgo. Dijo que quien se asoma al abismo debe saber que el abismo también se asoma a él.
No se merece la langosta tan mala pata. Ella llegó al abismo por casualidad. Caribdis, hija de Poseidón, con domicilio en el estrecho de Mesina, traga tres veces al día agua del mar, con marineros, barcos, latas de coca-cola y nadadores incluidos, y luego los expulsa con una arcada. Dicen que el grupo de Ulises se las vio con ella y logró escapar. Pero la langosta no tuvo tanta suerte y ahora mueve las patas y las antenas intentando asirse a la realidad, expresando con aspavientos lo que ha visto allí abajo.
También las palabras intentan contar lo que han visto, pero cuando llegan a la superficie pierden su fuerza. Tienen un color distinto a como se las había pensado. La expresión se parece a lo que queríamos decir, pero no es más que una versión empobrecida. En el abismo vivimos los seres humanos intentando comunicarnos con palabras ciegas, intentando traer las creaciones de un mundo misterioso. Las palabras, defectuosas, son la prueba de otro mundo, el legado del abismo. Las palabras tocaron un día el lecho marino, donde la vida surge sin causa ni efecto, por generación espontánea.
Editorial nº5 Generación Espontánea_revista literaria
sábado, 24 de julio de 2010
Editorial_ nº 2 Generación Espontánea
Es cierto que no tuvo necesidad de colgar la música en las cuerdas de un pentagrama, como quien tiende la ropa. Tal era su talento. También es cierto que nadie reparó en su peculiaridad. Fuimos unos brutos. Unos idiotas. Unos necios. Cuán poca alma. Cuánta sordera para no notar en la máquina de escribir, mientras pasaba a limpio los testamentos de la notaría, el tic-tic ardiente de una melodía bella en cada nota.
En sus ojos, en el remedo de su pelo, en la hipotenusa de su nariz estaba la música, abrigándole el cuerpo como en un juego de muñecas rusas, soñando el mundo como hacen las lagartijas, a punto, siempre a punto de derramarse, como por generación espontánea.
Editorial nº2 Generación Espontánea_revista literaria
Editorial_ nº 1 Generación Espontánea
Causa y efecto. Las mitocondrias mastican tranquilas, remordidas por una causa, deseosas de efecto. Causa de un acantilado. Efecto de un coche cayendo sin control en un vértigo de nada. Causa de un ascensor. Efecto del pistilo de un tulipán observado por los ojos obscenos de una rana. Causa y efecto. Así nos lo legaron. Causas de nombres esdrubrújulos. Aristóteles. Pitágoras. Efecto un punto un eje una razón. Occidiente. Occimiente. Coz hiriente. Morir siempre. Causa. Preto botón café con leche. Un ticket y la laringe de metro Tirso de Molina. A ver si nos vemos. Efecto. Zumito de nervios. Próximo tren efectuará su parada. Olvido.
Causa y efecto. Ya no quedan turas de Cortázar. Ya no quedan pinturas, literaturas, arquitecturas, esculturas, pisciculturas. Ya no hay más que hartura, desventura, conjetura, apretura. No más que una mitocondria causa tranquila de frío y de efecto.
De repente la aguja de un tocadiscos. Un pájaro araña la piel del agua con una esquirla de sol. La navaja de un peluquero corta la espuma blanca de un invierno. Sangra un verano. De repente nacen ratones de un trozo de queso. De repente, como por generación espontánea, de repente.
Editorial nº1 Generación Espontánea_revista literaria
Editorial_ nº 0 Generación Espontánea
Editorial nº0 Generación Espontánea_revista literaria